Apnea infantil
La frecuencia en los niños está en torno al 5%. Se da por igual en ambos sexos, normalmente entre los 2 y 6 años, aunque puede presentarse incluso en los primeros meses de vida. La clínica y tratamiento pediátrico de la apnea exigen un enfoque diferenciado debido a una serie de particularidades que lo distinguen del adulto. La diferencia más importante es que el niño no suele manifestar somnolencia diurna excesiva. Durante el día, pueden observarse cambios en la conducta (hiperactividad, falta de atención), problemas en el aprendizaje y en ocasiones escasa ganancia de peso y talla. Otros síntomas son las pérdidas de orina durante la noche (enuresís), posturas raras y sudoración profusa.
En la mayoría de los casos la causa es el aumento del tamaño de las amígdalas y/o vegetaciones, en relación con la estrechez de las vías aéreas del niño. Puede estar asociado también a otros problemas respiratorios crónicos como el asma o alteraciones anatómicas, neurológicas, metabólicas o musculares.
La prueba diagnóstica de referencia para detectar y graduar la gravedad apnea del sueño en la infancia es la polisomnografía (PSG) nocturna. En casos seleccionados la poligrafía respiratoria (PR) puede servir.
Habitualmente el tratamiento de mayor eficacia para los niños con apnea del sueño es la extirpación de las amígdalas y las vegetaciones. Cabe tener en cuenta que el riesgo postoperatorio se incrementa en casos de apnea grave, con enfermedades asociadas o en los menores de 3 años. La CPAP se utiliza cuando se descarta la intervención quirúrgica, o en los casos en los que no ha sido resolutiva.
