La APNEA del sueño
¿Qué es la apnea del sueño?
Cuando nos referimos a la apnea hablamos de una enfermedad que aparece durante el sueño y que causa obstrucciones en la garganta (vía aérea) provocando pausas en la respiración de 10 segundos e incluso de más de un minuto. Las apneas son repetitivas pudiendo aparecer más de 600 veces en una noche. Esto disminuye la aportación de oxígeno a la sangre, pudiendo dar lugar a hipertensión arterial que incrementa el riesgo cardiovascular. La calidad de vida se ve afectada en todos los sentidos, ya que la sensación de ahogo provoca despertares en general no conscientes que impiden el sueño reparador. El paciente se siente más cansado de lo normal y se duerme con facilidad durante el día (somnolencia diurna) con lo que aumenta el peligro de que sufra accidentes de tráfico (entre 4 y 6 veces más riesgo que la población general), laborales o domésticos.
¿Cuáles son sus síntomas?
Una de las mayores dificultades con las que se encuentran los especialistas es el diagnóstico de la enfermedad. En la mejor de las previsiones, menos de 10 de cada 100 personas, de los 2 millones de españoles que sufren apnea grave, saben que la tienen. Por ello es importante que los pacientes conozcan sus síntomas y acudan a su médico de Atención Primaria quién decidirá, tras una primera evaluación diagnóstica, si es necesario que acudan a un especialista.
Los indicadores de sospecha de apnea más habituales son:
- Ronquidos frecuentes muy potentes o entrecortados. Es un error pensar que todo el que ronca tiene apnea del sueño, aunque sí es cierto que aquellos que la padecen son roncadores. En cualquier caso el ronquido es el primer síntoma de alarma.
- Los familiares que conviven con el paciente, observan que deja de respirar mientras duerme.
- Despertares bruscos y sensación de ahogo durante la noche.
- Excesivo cansancio al levantarse.
- Sensación de sueño o facilidad para quedarse dormido involuntariamente durante el día en situaciones cotidianas.
- Tensión arterial alterada que no se consigue controlar fácilmente con medicamentos.
¿A cuánta gente afecta?
Se considera un problema de salud pública de primera magnitud: se calcula que existen entre 5 y7 millones de afectados en nuestro país. De éstos unos dos millones tienen apnea del sueño grave, sin embargo las dificultades de diagnóstico hacen que solo se haya tratado a entre un 5 y un 9% de estos últimos. Según el Consenso Nacional Sobre Apneas-Hipopneas del Sueño firmado por más de una veintena de sociedades médicas y otros colectivos, se ha demostrado que los pacientes no tratados consumen el doble de recursos sanitarios que los que han recibido el tratamiento adecuado. No solo el incremento en el gasto sanitario sino especialmente el deterioro de la calidad de vida y las comorbilidades asociadas a la apnea (otras enfermedades que cursan de manera paralela) hacen que el correcto diagnóstico y tratamiento sea un objetivo prioritario.
¿Quiénes la padecen?
El paciente tipo suele ser un hombre de unos 45-55 años, obeso (o con sobrepeso) y roncador, pero la apnea puede darse a cualquier edad. La frecuencia en género es de 2 a 3 veces mayor en hombres que en mujeres (tiende a igualarse a partir de la menopausia).
¿Cómo se diagnostica?
La Atención Primaria tiene un papel fundamental en la identificación de un posible síndrome de apnea del sueño. Los profesionales de este área son ios que tienen un contacto más cercano con los pacientes y deciden si es necesario derivarlos a atención especializada, en caso de sospecha clínica de apnea.
La polisomnografia nocturna (PSG) es la prueba de referencia para establecer el diagnóstico. Cuando dormimos pasamos por diferentes fases; la l y la II componen el sueño superficial, que no es más que una transición entre la vigilia y el sueño profundo. Las fases MI y IV forman el sueño profundo que es una especie de "hibernación" en el que decaen todas las funciones vitales y se repara el cansancio acumulado durante el día. Todas las anteriores componen el sueño no REM.
A este periodo NREM le sigue el sueño REM en el que aparecen la mayoría de los sueños y pesadillas que recordamos. En condiciones normales, la fase NREM y la REM se suceden durante la noche, de manera que pasamos por 4 o 5 ciclos de sueño NREM y REM en una noche. Con la polisomnografía nocturna, mediante el análisis de distintas variables neurofisiológicas, respiratorias y cardíacas, se puede conocer la cantidad y la calidad del sueño, y el número, tipo y repercusiones de las pausas respiratorias.
Una prueba más simplificada es la poligrafía respiratoria (PR), alternativa a la PSG en muchos pacientes, en este caso se analizan las variables cardíacas y respiratorias. Ambas son complementarias y se pueden realizar tanto en un centro hospitalario como en casa del paciente.
¿Cómo se trata?
Prevención
El primer paso ante la sospecha de apnea del sueño es reducir los factores de riesgo que la favorecen o agravan. Las medidas de prevención básicas son: * Hacer una dieta sana y equilibrada y practicar ejercicio moderado para evitar la obesidad o sobrepeso.
- Evitar el alcohol y el tabaco.
- No tomar fármacos sedantes.
- Conseguir una adecuada higiene del sueño y postural.
- Establecer un horario de sueño, dormir las horas adecuadas para el descanso y evitar ruidos o molestias que lo alteren y evitar dormir boca arriba.
Tratamiento
Uno de los más importantes es la CPAP (presión positiva continua en la vía aérea). Se trata de una mascarilla nasal que el paciente debe llevar durante la noche y que transmite aire a presión de una turbina a la garganta a través de la nariz, impidiendo la obstrucción de las vías respiratorias. Se ha demostrado su eficacia en el prácticamente 100% de los pacientes que la usan habitualmente, elimina las apneas y en consecuencia los síntomas y normaliza la calidad del sueño.
Para aquellos pacientes menos graves o que no toleren la CPAP, los dispositivos de avance mandibular (DAM) pueden ser una alternativa en algunos casos, al igual que ciertos tratamientos quirúrgicos. Los pacientes con apnea corren un mayor riesgo anestésico, por lo que en caso de cualquier intervención deben ponerlo en conocimiento del anestesista. En las farmacias se pueden encontrar diferentes productos que se comercializan como remedios contra el ronquido y la apnea (dilatadores nasales, gotas, etc.), pero no se ha demostrado su eficacia.
